MIs más oscuras luces

viernes, 10 de octubre de 2008

No me importa


Supongo que el siguiente tema ya se habrá tratado largo y tendido, a todos les habrá llegado uno de esos correos graciosos sobre los móviles, pero como solo hago esto por decir algo, cojo, lo suelto y punto.
Me hace gracia la forma en que ha cambiado el concepto de la utilización de los teléfonos móviles. No quiero entrar en la más que discutida polémica del aumento de su utilización, o del número de ellos que circulan. Me gustaría comentar, después de haber asumido su uso, como ha cambiado el comportamiento de la gente.
Este fin de semana he ido a Zaragoza, y he ido en autobús. Borregos y anormales me rodeaban, gente hablando a gritos, sin educación, egoístas consumados, pero lo que me llamó la atención, aunque ya me había fijado anteriormente, es la naturalidad con la que la gente ha olvidado la vergüenza. Recuerdo cuando se cogía rápido un teléfono y en voz bajita se decía: “Hola, estoy en el autobús, luego te llamo.”
Ahora no, nos gusta enseñar nuestra fantástica melodía descargada de Internet, no basta con que por todas partes me atormente Riana, o el puto “Elle, ella” no, ahora el que va sentado al lado mío me lo tiene que poner.
El autobús duerme, las luces están apagadas, y encerrado en el medio de transporte más incomodo y peligroso de todos, lo único que puedes hacer es dormir, es el único modo de hacer más liviano el pesar. Pero hoy no toca, te has acostumbrado a que una cría pija y un descerebrado estén hablando, cuando de repente, suena un móvil; “si, ya estoy en el autobús, ¿como?, no te oigo”, y por mucho que eleves la voz vas a seguir sin oírle hija de puta, la que no oye eres tú, no él. Claro que no hace falta que suene un teléfono para que alguien hable a gritos, porque hay más gente que se aburre y llama para demostrar que tiene amigos.
No es el único cambio por supuesto, pero es el que más gracia me hace. También es cierto que a la gente no le da vergüenza hablar solos por la calle. Antaño eras un bicho raro por hablar en voz alta tu solo, hoy eres parte del rebaño, y si además te pones un pinganillo en la oreja y hablas con el teléfono en el bolsillo, no solo eres un borrego más, ahora eres un borrego sofisticado.
Sabéis qué cuando tenéis alguna duda o no os acordáis de algo, al decirlo en voz alta, encontráis conclusiones o fallos que en el silencio de vuestra cabeza no hallabais. Pues bien, hay un remedio muy fácil para esto. Vas andando por la calle mientras tomas fuerzas para mandar a la mierda a tu jefe si no te sube el sueldo, en tu cabeza resuenan muletillas y entradas en la conversación, pero no te decides por ninguna. Sabes que si la dijeses en voz alta lograrías escoger mejor, pues bien, hazlo, camina por la calle principal de tu ciudad o pueblo, imagina que es un teatro, tú eres el protagonista, imagina que tu jefe, por ejemplo, esta delante, dile todo lo que piensas, escoge la mejor frase, y estate tranquilo, nadie te va mirar, porque te habrás colocado la mano en la oreja mientras sujetas tu teléfono móvil apagado. (Recomiendo que esté apagado o en silencio, si suena mientras estás ensimismado en una falsa conversación vas a quedar como un gilipollas, o se te va ha caer del susto).
Otra cosa que ha cambiado es la utilización, la gente no lo necesita para hacer llamadas, lo necesitan como cámara, agenda, videoconsola o como sustituto de su propio padre, la cosa es depender de algo. Con las publicidades agresivas de los centros comerciales, o compañías de telefonía, es hasta lógico pensar que con tres megas se oye mejor la conversación, o que un móvil con 3G manda los mensajes más rápido.
Las conductas están cambiando, y eso es bueno, hay que evolucionar, descubrir algo nuevo, innovar, pero lo que no hay que hacer nunca, es molestar a los demás cuando tratan de dormir, me da igual tu melodía.

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